PAZ PASAMAR, PILAR

PAZ PASAMAR, PILAR

               Pilar Paz posee un curriculum amplísimo y envidiable, aunque más destacable es su perfil humano. Trataré de conjugar a grandes rasgos su faceta literaria y su calidad humana.
               Nace en Jerez de la Frontera en el año 1933. Su primer contacto con la literatura fue auditivo, porque no existía la televisión. Entonces oía la radio de aquel tiempo. Fue cuando descubrió que las letras tenían ritmo y se acoplaban. Empezó a retener algunos poemas que escuchaba en las ondas radiofónicas.
               En su contexto familiar bebe de las fuentes maternas y paternas. Por un lado, la madre de Pilar que era una artista del canto poseía una sensibilidad extraordinaria que transmitió a su hija. Le recitaba todos los poemas que sabía. Fue la única profesora de declamación que tuvo y cuando empiece a recitar algunos poemas veremos que no le ha ido nada mal. Le enseñó las grandes poesías de los clásicos. Por otro lado, a su padre le apasionaba el cante flamenco y le enseñaba letras. De esta unión surge la pasión de Pilar por la palabra sonora y, en definitiva, por la poesía. Lo primero que escribió fue una seguidilla y a los doce años de edad vieron la luz sus primeros poemas en el diario local Ayer. Sus padres se trasladan a Madrid, inmediatamente después de la guerra, y allí estudió el bachillerato de los siete años y reválida. Luego comenzó a hacer la carrera de Filosofía y Letras en La Complutense. Entabló amistad con uno de sus profesores y miembro de la Generación del 27, Dámaso Alonso. En los veranos venía a Cádiz y se reunía con su grupo literario Platero. Aquello fue el descubrimiento de Fernando Quiñones, Antonio Gala, José Luis Tejada, Aquilino Duque, Felipe Sordo Lamadrid. Pilar era la única chica del grupo y, a pesar de no estar bien visto en esa época, no renunció a sus amistades.
               Pilar Paz Pasamar ha convivido con el lastre de un género, la poesía, que se ha visto abocada al desconocimiento de la inmensa mayoría de la población. Sin embargo, es muy admirada dentro de los círculos literarios y goza de un enorme prestigio, como indican los premios literarios que ha conseguido a lo largo de su carrera literaria: el accésit al premio Adonais con Los Buenos Días en 1954 y en 1955 el premio Juventud con Ablativo Amor. En estas líneas pretendo acercar al público benalupense el genio despierto de una labor dedicada con exclusividad a la poesía y derramar el alma afable de una mujer que supo mantenerse fiel a los versos desbordantes de su corazón. Con tan sólo 18 años publica su primer libro, Mara, bendecido personalmente por Juan Ramón Jiménez  y con el prólogo de Carmen Conde, una de las escritoras más importantes del 27. Tenía por asesor o hermano mayor al también jerezano Pepe Caballero Bonald. Éste lo leyó y le gustó mucho.
               En esa época estaba prohibido leer la Biblia, y Pilar la tenía escondida debajo de la almohada, echándole un vistazo por las noches. En la censura uno no podía interpretar la Biblia, sino que otros tenían que interpretarla a los demás. Pilar interpretó el libro de Rut por ser uno de los más avanzados de las Sagradas Escrituras. Supone la apertura del hebreo a los demás, supone la universalidad. El libro de Rut es como una invitación a abrirse a otros. Rut se queda viuda, muy triste y dice: “No me llaméis Noemi que significa hermosa, sino llamarme Mara que significa amarga.” A Pilar le gustaron esas palabras, cogió el nombre y la cita de la Biblia y dio por finalizado su primer libro de poemas. A Juan Ramón le gustó en especial el primer poema de Mara y se puso en contacto con la escritora con la que mantuvo correspondencia. Sin embargo, este encuentro fortuito ha responsabilizado mucho a nuestra escritora que no ha dejado de escribir en adelante. Voy a contaros una anécdota que surge en relación con Juan Ramón y la revista Platero de la que formaba parte Paz Pasamar. El escritor onubense mandó dinero una vez a la revista para que hicieran frente a la publicación y Fernando Quiñones y el resto de sus compañeros se fueron a los toros dejando a Pilar en su casa.
               El amor dio un vuelco a la vida de Pilar que se encontraba en Madrid. Se casó con un gaditano y a partir de ese instante su existencia se polarizó en torno a la Tacita de Plata. Este hecho nos conduce a enclavar la poesía de nuestra poetisa dentro de la geografía gaditana. Quienes pretendan entender su poesía deberán tener en cuenta la vinculación que manifiesta con el mar, con lo cotidiano, con el deambular de cada día. Me comentó en una ocasión que sus versos no los hubiera visto en Madrid, aunque le gustaba la vida en la capital. En Madrid Pilar sólo añoraba Andalucía y el mar. Su libro Del Abreviado Mar es un canto al sur escrito en la ciudad madrileña, con la mirada puesta en el sur. A él bajaba todos los veranos. Era el sur el que reclamaba sus versos.
               Alejada del mundo literario de la capital Pilar escribe pausadamente, aunque sin descanso. En general la poesía de Pilar está impregnada de un carácter religioso que parece recordarnos a los místicos y en especial a Juan Ramón Jiménez. La poesía de nuestra escritora consiste en hablar a solas y quien habla a solas espera hablar a Dios algún día.
               Su obra Violencia inmóvil supone una especie de ruptura con la línea habitual de su poesía. En ella tiene cabida el tema de la ambigüedad. Es un salto lleno de interrogantes. La Violencia inmóvil del mar es una interrogación, un presente total. Marcó una ruptura con todo lo anterior con el fin de divertirse. En cambio, La soledad, contigo está muy ceñida al marco doméstico.
               El teatro pudo ser otro de los caminos que hubiera elegido Pilar. Había tantas posibilidades, aunque una sola vida. Y llegó el momento en que tuvo que elegir entre la poesía y el teatro. Los existencialistas señalan que el verdadero problema descansa en la elección. Esta batalla la ganó la poesía, de la misma manera que el amor y su Cádiz derrotaron su dedicación exclusiva a la escritura.
               La escritura de Pilar Paz Pasamar se puede resumir en varios ingredientes: amor a un hombre gaditano, el amor al mar, su espíritu religioso y la recreación de lo cotidiano a la altura de poesía. La poesía de Paz Pasamar se recrea en la intimidad del hogar familiar, se contempla a sí misma a través de una ventana que refleja el mundo exterior y la vida del hombre. Se afana en aprehender la mano de Dios tendida desde el azul celeste al azul marino y renueva constantemente la fe mística en la cotidianidad de los objetos y de la naturaleza, en la concepción del juez supremo como el amado en espera de la consumación espiritual. La escritora jerezana se sumerge en el río de la esperanza para dejarse mecer por la ternura de las palabras. Desciende por los meandros del tiempo que relata el paso fugaz por el mundo donde nada nos pertenece. Bucea en el interior de sí misma concibiendo la mañana como un retorno a la infancia bajo la túnica del ensueño, como una libertad recalcitrante en la primavera de la juventud. Tiende a acunar sus versos entre la espuma del misterio donde late el silencio de las esencias y la soledad grita por dentro los secretos del alma. Finalmente desemboca en el mar del olvido y del reencuentro, cuyo aroma queda recogido en el frasco salado de las especias y custodiado por las olas vigilantes que prácticamente lamen la nostalgia de su Cádiz natal.
               Pilar Paz Pasamar es una mujer que vive a escasos metros del mar embrujado por el ojo radiante de las rocas, por el polifemo marino de su corazón, que cuelga en el pecho el siguiente lema: El verdadero problema radica en la elección: elegí mi felicidad.