VELA, JAVIER. LA HORA DEL CREPÚSCULO

VELA, JAVIER. LA HORA DEL CREPÚSCULO

Si en Aún es tarde la luz es el foco sobre el que descansa el poemario como si la vida pudiera resumirse en una sola jornada donde la aurora fuera el origen de la conciencia, del nacimiento y la noche simbolizara más que el declive del día el fin de la vida, en La hora del crepúsculo se canta a la noche para darnos a entender que la existencia se engendra entre las sombras en un mundo onírico que desnuda la realidad. La noche es una piedra lanzada sobre el espejo en el que refleja su rostro el poeta, de tal forma que se hace añicos, que gana enteros y ojos para entender e interpretar el universo que le rodea. Así es como enfoca la literatura y la vida Javier Vela, como un sueño en el que palpita la noche, las ausencias o el amor.

La noche se desbroza en tres periodos evidentes: Nocturno, crepúsculo y vigilia. En la primera parte se alza el escenario donde discurre la historia del hombre, del poeta que necesita de su silencio para meditar sobre la existencia. En Crepúsculo el deseo anida en los sueños más allá de las sábanas con la esperanza de mantener viva la llama del recuerdo para retener a la amada, para que ésta no se escape de sus manos. En Vigilia las reflexiones ya han acabado y han dado su fruto. El poeta se vuelve a mirar en el espejo para conocerse mejor, para conocerse al mismo tiempo que se enfrenta al mundo. Es el mundo quien le ayuda a conocerse definitivamente. Aquí aparece una canción de alba donde la luz del amanecer significa la despedida de los amantes, de modo que el poeta, al no poder controlar los caprichos del tiempo, decide ignorar la aurora y deja que la amada siga durmiendo. En la noche de los tiempos Javier Vela aprovecha para hacer un viaje interior hacia su propia conciencia.