EL BURRITO QUE LEÍA NOVELAS DE AMOR

EL BURRITO QUE LEÍA NOVELAS DE AMOR

Versión realizada por alumnos de Puerto Serrano basada en la inmortal obra de Juan Ramón Jiménez Platero y yo

Un día soleado Platero salió de su casa para ir al campo de su abuela que era una burra muy vieja. Cuando llegó a su destino, la abuelita estaba tomando un té y con voz suave le dijo:
-Platero, ¿Quieres un poco de té?
-No, gracias. No me apetece. Me voy a leer un libro debajo de aquel gran árbol. Tiene una sombra maravillosa.
Platero empezó a leer aquel interesante libro. Era una estupenda historia de amor. Estaba tan entusiasmado con la lectura y tan metido en la narración que llegó a llorar emocionado cuando repasó las últimas páginas de la novela y se fue rápidamente a contársela a su abuela.
-Abuelita, abuelita, no te puedes creer el maravilloso libro que me he leído. Te lo voy a contar. Trata sobre dos chicos que se conocieron en el campo, se enamoraron, pero, por las circunstancias de la visa, se perdieron la pista. Al cabo de un tiempo el chico empezó a buscarla, recordando todo lo que habían hecho juntos. Estuvo en infinidad de lugares con la esperanza de encontrarla hasta que dio con ella en el mismo parque en el que habían paseado de la mano hacía unos meses. Cuando se vieron, ella no lo reconoció, pero él a ella sí y le susurró al oído:
-¿Te acuerdas de mí, Margarita?
Margarita respondió sorprendida:
-Me suena tu cara y tu voz, pero no recuerdo tu nombre.
-Soy Rodrigo. ¿No te acuerdas de mí? ¿Recuerdas el tiempo en el que estuvimos juntos?
-¡Ah! ¡Rodrigo! Nos conocimos en el parque, pero luego nos perdimos la pista, llegó a confesar ella con un hilito de voz. Volvieron a reencontrarse y al año decidieron contraer matrimonio.
-No llores, Platero, se sinceró la abuelita. Es una historia preciosa. Me ha conmovido mucho. Me tienes que prestar ese libro.
-De acuerdo, abuelita, sonrió por fin Platero. Hasta luego. Me tengo que marchar a casa que mañana tengo que ir al cole y se me está haciendo tarde.
El devorador de libros salió de la casa del campo y, cuando iba caminando distraído, pudo distinguir en el tronco de un árbol las siguientes letras enmarcadas dentro de un corazón dibujado: Margarita y Rodrigo – juntos para siempre.
Platero se puso muy contento y se fue feliz a su casa.