ENTREVISTA REALIZADA POR ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN A EDUARDO MENDICUTTI

ENTREVISTA REALIZADA POR ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN A EDUARDO MENDICUTTI

             1.- Tatuaje y Cenizas no llegaron a publicarse por culpa de la censura. ¿Cuáles fueron los motivos que esgrimieron para prohibir la publicación?

Cenizas sí se publicó, por entregas, en una revista de la época (1974), “Garbo”, que era quien entonces patrocinaba el premio Café Gijón, de novela corta, que fundó en su día el actor Fernando Fernán-Gómez. Era una novela lírica sobre la infancia. Si acabó sin publicarse en libro no fue por censura política, sino, en todo caso, por censura económica.

El problema de Tatuaje sí fue específicamente político. Era l973. El régimen de Franco estaba en las últimas. Se hablaba de “la apertura”. La censura seguía existiendo, pero no era obligatoria, sólo se sometían a censura aquellas obras que podían tener problemas posteriores. Además, la censura ya no prohibía, sólo “desaconsejaba”, aunque más valía  atender el consejo en contra. Con Tatuaje gané el premio Sésamo. Era un premio muy prestigioso. Yo tenía 25 años. La novela estaba llena de jóvenes rebeldes, se hablaba de la homosexualidad, de la droga, de colegios en los que los curas se enamoraban de los alumnos. Un escándalo, claro. Pero la novela estuvo a punto de publicarse, en cualquier caso. Llegué a corregir galeradas, a ver pruebas de cubierta. De pronto, en la editorial se asustaron, sometieron el texto a censura voluntaria, y la censura “desaconsejó” la publicación total de la novela.

Para mí fue un “palo” brutal. Era mi primera novela. Llegué a tener a la criatura en mis manos. Y no pudo ser. Decepcionado, estuve años sin escribir.

2.- ¿Qué hay de autobiográfico en Una mala noche la tiene cualquiera, desde el hecho de que el personaje principal es de Sanlúcar, hasta la sabiduría social del protagonista ante los sucesos del golpe de Estado y ese afán por vivir en el seno de la libertad? En El palomo cojo la acción transcurre en su ciudad natal y el protagonista es un niño. ¿Puede ser un homenaje a esa infancia vivida en Sanlúcar?

Sí. El Palomo Cojo es un homenaje a mi infancia, a mi familia, a Sanlúcar, al lenguaje que se hablaba cuando yo era niño. No es estrictamente autobiográfica, pero está llena de referencias de mi propia vida y de mi gente y de la ciudad. Esto sigue produciendo equívocos divertidos, gente convencida de que la novela está llena de personas reales, e incluso personas reales convencidas de que son personajes de la novela, aunque yo me los inventara.

En cuanto a Una mala noche la tiene cualquiera, es, fundamentalmente, un elogio de la libertad. Es la noche del 23F – la del intento de golpe de estado de Tejero en 23 de febrero de 1981 – contada por una travesti, La Madelón, que representa a todos los que tuvieran que vivir en clandestinidad, por cualquier razón, durante la dictadura de Franco.

3.- ¿Qué recuerdos tiene grabado en la memoria sobre la dictadura?

La angustiosa falta de libertad, por encima de todo. Eso tenía graves consecuencias sobre la vida de las personas – el trabajo, la cultura, la sexualidad – y sobre la cultura, el desarrollo, la ciencia y la autoestima de todo el país en su conjunto. Una tragedia.

4.- En la mayoría de sus novelas aparece un personaje homosexual, ¿has tenido algún conflicto con gente de mira estrecha?

Si he decir la verdad, muy pocos en mi vida personal. No sé cómo, encontré la manera de hacer frente a la estrechez mental ajena, y lo hice sin arriesgar demasiado. Esto último no me enorgullece especialmente. Hubo muchos hombres y muchas mujeres que, durante muchos años, en España, fueron marginados, insultados, despreciados, condenados, encarcelados sólo por su condición sexual. Es verdad que últimamente se ha avanzado mucho, pero aún queda mucho camino por recorrer, no en la igualdad legal, pero sí en la igualdad y el respeto social.

5.- Sus novelas se basan en la fuerza descomunal del lenguaje que emplean sus personajes y el narrador, ¿cómo se empapa de ese lenguaje?

Es, sobre todo, el lenguaje que recuerdo, cuando se trata del habla andaluza. El lenguaje de mi infancia, que sigue acompañándome, si no en mi hablar diario – de hecho, hablo habitualmente como si fuera de Valladolid –, sí en la memoria. En los demás casos, el lenguaje es también, en gran medida, imaginación.

6.- ¿Qué le ha aportado el periodismo a su literatura y qué le ha dado la literatura a sus escritos periodísticos?

Cuando escribo en los periódicos, procuro no olvidar nunca que mi obligación, como escritor, es fundamentalmente escribir bien. Hay columnistas o periodistas que les dan más importancia al fondo – lo que se cuenta o se analiza – que a la forma. No seré yo quien los critique. Pero a mí me interesa ser al menos tan exigente en la forma como en el fondo.

En dirección contraria, algunas de mis novelas abordan asuntos de “candente actualidad”, como se dice en términos periodísticos. Sin la obligación, como columnista, de observar atentamente la actualidad a lo mejor no habría escrito novelas como Una mala noche la tiene cualquiera, Los novios búlgaros, Tiempos mejores o California.

7.- En El palomo cojo se hace un homenaje evidente a la figura de Federico García Lorca, ¿qué nos puede decir del poeta granadino?

Fue un gran talento perseguido y asesinado por sus ideas y por su sexualidad. Recordarle, leerle, rendir homenajes es mantener vivo su ejemplo y no consentir que su genialidad literaria caiga en el olvido.

8.- ¿Por qué es tan importante el erotismo en sus novelas? ¿Es un acto de provocación o un afán por sentirse libre?

Es un grito de libertad. Una sexualidad reprimida y perseguida corresponde siempre a una vida mutilada. No me importa, desde luego, que en mis novelas se entienda también como provocación, porque es un modo de apostar por la plena realización personal y de exigir respeto a los demás.

9.- Vivir en Madrid durante la dictadura y pasar los veranos en California supone un cambio de mentalidad radical, ¿qué nos puede decir de estas dos ciudades?

Primero fue Madrid: la ciudad donde yo podía ser más libre en aquellos años oscuros del franquismo. Después fue California: el mito soleado y absoluto de la juventud libre y trasgresora. El reto – para mí, para todos – es hacer del lugar en el que uno vive una California perpetua, y no sólo por razones hedonistas, sino por conservar algo de esa juventud que siempre debería sabe arriesgar y buscar un mundo mejor.

10.- Por sus novelas desfilan algunos personajes que se repiten como El Cigala. Un mariquita de pueblo que abandera el humor como vía de escape para poner de manifiesto una literatura a veces políticamente incorrecta, un trasgresor en toda regla. ¿Ha tenido que pagar algún precio por contar la historia desde el lado de los olvidados?

No me gusta hacerme la víctima. Ha habido mucha gente que ha pagado precios mucho más altos por defender y – en el caso de los escritores – contar una manera de pensar, de sentir, de vivir. No seré yo quien me haga el mártir.

11.- En sus novelas se reivindica el lenguaje coloquial andaluz, ¿qué le dirías a aquellos que piensan que el andaluz es el castellano mal hablado?

Justo lo contrario: el andaluz es un castellano maravillosamente hablado. Y maravillosamente hablado no sólo por la gente culta, sino por el pueblo llano y muchas veces, por desgracia, poco ilustrado. Eso sí, es un castellano pronunciado de manera muy especial. Y construido a veces de una manera tan sorprendente como imaginativa. Por supuesto, con el lenguaje andaluz se puede ser delicado, profundo, compasivo, solidario, combativo y creativo. Y el lenguaje coloquial andaluz puede tener una enorme dimensión creativa y grandísima dignidad literaria, más allá de los entretenidos costumbrismos de los Álvarez Quintero.

12.- El humor a veces nos permite consultar la tragedia sin ser trágicos. ¿Es higiénico resaltar el sentido del humor para afrontar el día a día?

Es más que higiénico. Es saludable. Es curativo. Es salvador. El humor es un instrumento maravilloso para la supervivencia. Es un gran remedio contra la solemnidad ridícula, la fatuidad y la intransigencia, pero también contra la humillación y la desesperación. Los andaluces sabemos mucho de eso.