TRONCOSO GONZÁLEZ, ROSARIO. JUGUETES DE DIOS

TRONCOSO GONZÁLEZ, ROSARIO. JUGUETES DE DIOS

JUGUETES DE DIOS, ROSARIO TRONCOSO GONZÁLEZ. GRANADA: LA COMPAÑÍA DE VERSOS ANÓNIMOS, 2009

            Delirios y mareas finaliza con un homenaje que Rosario Troncoso dedica a quien la ha engendrado, de la misma forma que Juguetes de Dios esboza el deseo de ser libres, de arrancarnos los hilos invisibles que nos atan al destino bajo el amparo de una madre que nos protege del frío y de los miedos. La imagen de que somos actores manejados por una fuerza superior no es original en la literatura como casi todo. Lo verdaderamente novedoso es el tratamiento que hace de esa idea. Somos actores y no nos queda más remedio que aceptarlo y desempeñar nuestro papel de la forma más digna posible o luchar contra esta esclavitud. Algunos improvisan una vida llena de relámpagos que, tras la luz, nos deja un vacío insondable. Otros se ciñen al texto fijado. Rosario Troncoso abre una vía distinta. Huye de sí misma para encontrarse, al final, con su propio yo. Duerme para soñar una vida en la que uno pueda llevar las riendas de sus propios pasos. Los deseos se convierten en frutos maduros que caen al suelo antes de que podamos abrazarlos con las manos. Rosario Troncoso se rebela ante el orden establecido y busca refugio en un metafórico suicidio que la lleva a nacer de nuevo, sin prejuicios, sin ataduras. La incertidumbre hacia un futuro desconocido se alza como una amenaza, como una espesa niebla que nos ciega del todo, que nos obliga a caminar con los ojos cerrados, con los que se lanza a la aventura, a vivir con tropiezos, pero sin cadenas. Se niega a caer en las garras del olvido. El recuerdo es un antídoto tan inocente que nos hace daño, el eructo indigesto que combate contra el tiempo.

            Se enfrenta a las musas y a los poetas mediocres. Siente la necesidad de escribir como fórmula eficaz para derrotar a la muerte y termina confesándonos al oído que, a pesar de no poder ser uno libre del todo, la vida merece la pena si nos la bebemos con la sed del que viene del desierto.