PRESENTACIÓN DE ÁLVARO POMBO

PRESENTACIÓN DE ÁLVARO POMBO

ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN Y ÁLVARO POMBO DURANTE LA CENA EL 07 MAYO DE 2012

El lunes 07 de mayo fue uno de los días más estimulantes que he tenido, pues llegué a conocer en persona a Álvaro Pombo. Quedé en la puerta del hotel Senator, en la Tacita de Plata, con el maestro, con Montserrat del Cuvillo, la representante del Centro Andaluz de las Letras en la provincia de Cádiz, y amiga entrañable, y Araceli Pérez, de la delegación de Cultura, una mujer encantadora donde las haya. Después de charlar un rato, cogimos un taxi en dirección al baluarte de la Candelaria, mientras el ganador del Nadal se quedaba impresionado por la ciudad, pues nunca la había visitado. A las 19.30 empezaba el acto y la sala estaba repleta. Tras analizar la novela El temblor del héroe, empecé un diálogo fluido con Álvaro Pombo sobre la trayectoria literaria del escritor santanderino, desde sus orígenes hasta la actualidad, con el fin de que los participantes conocieran detalles desapercibidos de su vida y su obra, con el afán de que el público terminara interviniendo en el debate. No hay nada mejor que transmitir la idea de que el escritor, por muy famoso que sea, es una persona de carne y hueso que en la mayoría de las ocasiones se muestra accesible a sus lectores. Y así fue, de modo que el acto se alargó un poco más de la hora estipulada, con la senasación de que todos habíamos pasado una tarde agradable y nos habíamos divertido. Después de terminar la presentación de El temblor del héroe, Álvaro Pombo se dedicó a firmar ejemplares de su libro a quienes lo desearan. Cuando todo había terminado, Montserrat del Cuvillo, el escritor y yo dimos un paseo por el centro de Cádiz hasta el restaurante donde estuvimos departiendo comida y palabras. Me llamó la atención el hecho de que Álvaro Pombo era conocido por todo el mundo, desde un escenario tan natural como en la feria del libro hasta en el mismo restaurante. Y siempre fue generoso, paciente y amable con todos los que se le acercaron a saludarle. Unas horas de literatura tan intensa como familiar, tan fascinante como divertida.