ALBEROLA, DOLORS. SOBRE LA OSCURIDAD

ALBEROLA, DOLORS. SOBRE LA OSCURIDAD

SOBRE LA OSCURIDAD, DOLORS ALBEROLA

A todo niño le sobrecoge la oscuridad, si no en los primeros meses de vida donde aún no ha adquirido el concepto del miedo y de la soledad, y la inocencia está intacta, sí, a partir de los dos años, cuando el miedo atenaza su voluntad y los temores a la noche empiezan a cobrar conciencia. La luz aparece como antídoto ante las adversidades del mundo.

Dolors Alberola escribe Sobre la oscuridad portando esos miedos y esas ansiedades hasta sus últimas consecuencias. Arranca el poemario con un final que estremece a cualquier lector. No nos engaña en ningún momento y nos muestra la existencia como un juego de mentiras que montamos con nosotros mismos, un engaño tan estéril como necesario para sobrevivir en la selva despiadada en la que nos movemos. El tiempo teje con rudeza la estética de la pérdida, entre las sombras de las horas late el dolor del verso, la sensación de sentirnos estafados por la vida como metáfora de un árbol sin hojas.

Sobre la oscuridad alcanza en el calor de las palabras la esencia de una voz que nunca deja de cantar como un eco que reivindica el papel indispensable de Juan Ramón Jiménez. Esboza una alegoría del instante como un orgasmo que en unos segundos se deshace en muerte. Pero orgasmo al fin y al cabo.

La vida es una muerte a plazos que el tiempo nos concede, una broma que va labrando un futuro que no tiene más sentido que un adiós en penumbra. El poeta se erige en domador de palabras que no siempre le hacen caso. En ocasiones son dulces como la infancia, pero en otras son tan duras como una mañana oculta entre la niebla, en la que solo podemos contemplar la ceguera en la que hemos estado inmersos. El presente es un desfile de recuerdos solo visibles en la memoria. Al otro lado de la muerte se encuentra la palabra y esa lucha infructuosa y constante de aquel que necesita sacar a la superficie ese mundo interior que lo atormenta contra la incapacidad del ser humano para que sus ideas se ajusten a un vocablo adecuado. Las imperfecciones del individuo se reflejan en la imposibilidad becqueriana por dar forma verbal a los sentimientos que libres revolotean por nuestra mente como fantasmas que nos acechan durante la noche, murmuran su propio lenguaje bajo la almohada y acaban rendidos bajo los pies del escritor. Y sin embargo, la realidad expresada en el verso no suele coincidir en su totalidad con el mundo latente que emerge en nuestro interior. Este es el destino infructuoso del poeta. Su misión consiste en acercarse lo máximo posible a ese mundo de evocaciones nocturnas y diurnas que lucha por salir a la superficie, que se desvive por una libertad de papel que lo convierte en un ente de carne y hueso.

Para Dolors Alberola la vida tan sólo resucita en la memoria y la muerte se diluye en un Tempus fugit que dibuja una nube de nostalgia en las pupilas de la existencia. Recrea un Ubi sunt de derrota que deja en el suelo los escombros de unos poemas, arroja a los ojos del mundo las verdades de la vida. Sigue jugando con esa muñeca antigua como símbolo de una infancia que se ha perdido entre los recovecos de un reloj de arena y esboza unos castillos en el aire que buscan desesperadamente la palabra y la belleza. Con estas dos armas uno es capaz de ahuyentar a los lobos, nos podemos librar del peso descomunal de la muerte que se refugia sin descanso bajo las sombras de nuestras huellas.

            Entre los versos de Sobre la oscuridad se vislumbran unos pasos hacia la esperanza.