SENRA DOMÍNGUEZ, MANUEL. EL LIBRO DE LA SED

SENRA DOMÍNGUEZ, MANUEL. EL LIBRO DE LA SED

Si Gustavo Adolfo Bécquer, en el libro de los gorriones, hizo todo un ejercicio de memoria para rescatar del olvido todos los poemas que había escrito hasta la fecha tras perder el manuscrito en el saqueo de la casa del ministro, Manuel Senra construye una memoria paralela que da vida de nuevo a una adolescencia, con la que debemos afrontar siempre el presente, y a una existencia, dispuestas a negarse tajantemente a perecer entre las brumas de una niebla que desdibuja los contornos del pasado.

El libro de la sed es un manual de instrucciones donde se ponen de manifiesto dos actitudes bien diferenciadas: la del que pasa por la vida de puntillas dejándose engañar siempre por el diablo travieso del tiempo y la de aquel que pone el alma en cada paso que emprende como si solo se viviesen aquellas escenas en las que uno se entrega en cuerpo y alma. Es un homenaje a la entrega, a las ansias que uno ha de poner en cada paso del camino. Es un homenaje a la transparencia, a la verdad. Es un compendio de aguas bravas, salvajes, en la calma falsa de un lago.

Manuel Senra pretende decirnos que debemos perseguir nuestros sueños hasta las últimas consecuencias, hasta saciar la sed de un objetivo, sin gastar la sed de vida. Es un modo de transitar por la tierra, desde el afán de inmortalidad de los primeros años hasta la visión reflexiva de la madurez. Una vuelta de tuerca hacia el ayer que nos muestra un yo inmaduro, distinto, que deambula por los versos sin el miedo a tropezarse con lo desconocido, sino con la intención de plasmar por escrito todo un mundo de experiencias que regresan a la mente con ese dolor de nostalgia que atempera el tiempo, con el deseo de poder revivir el universo lejano de un alter ego que se vislumbra desde la distancia. Recrear el pasado no es más que volver a vivir la nostalgia del recuerdo. Pero también es un modo de conocerse objetivamente, sin las incertidumbres del futuro, con la templanza de dar forma a unos hechos que irremediablemente tocan las raíces de la vida. Para conocerse es necesario reflejarse en el origen de un espejo, en los espejos de los orígenes. Es necesario establecer un diálogo con otros egos. Es imprescindible prender la llama que nos permita ver desde las sombras. Es imprescindible buscar la luz que nos indique el camino.

Manuel Senra concibe la poesía como una búsqueda constante en la que el tiempo divide en parcelas el espacio recorrido de una existencia como un cofre del tesoro en el que los versos desempeñan el papel de llave maestra. Y con un verso abre la conciencia y con otro la puerta de los sueños. Una lírica llena de melancolía y de una esperanza depositada en la sed, en esa sed de amor con la que combatimos al tiempo, en esa sed de amor con la que la vida parece tener sentido.