SAIZ NEUPAVER, CARMEN. ASIGNATURAS DEL AIRE.

SAIZ NEUPAVER, CARMEN. ASIGNATURAS DEL AIRE.

ASIGNATURAS DEL AIRE, CARMEN SAIZ NEUPAVER

Hay quienes no muestran una fe excesiva en los finales felices de la vida y de la ficción, pues admiten que, después de que las cámaras o la realidad cierren sus ojos al público, la existencia puede comportarse de un modo caprichoso arrojándose las palabras a la cara en cualquier momento. Tras un excelente prólogo de Dolors Alberola, Carmen Saiz Neupaver echa leña al fuego del folio para calentarnos las pupilas, para llenar de tinta el papel en blanco como si pretendiera confesarse en la intimidad de la nostalgia, con la fuerza explosiva de un verso que cae muerto de metáforas, rico de sueños. Sueña con la libertad alada de un pájaro que se enfrenta a los sinsabores del día a día, corre libre por el aire brumoso de los recuerdos y supera con creces la lógica inexacta de la existencia. Se encarama al árbol del tiempo con la savia alegre de quien camina a oscuras por las ramas del pensamiento hasta prender la chispa, un bostezo de luz, en las ramas de la conciencia.

Asignaturas del aire es el trascurso de una vida que se desglosa en tres materias: Rotunda evidencia, Asignaturas del aire y Materia de la memoria.  

Uno puede afirmar sin miedo a equivocarse que el amor eterno existe y también ha de añadir que la persona cambia constantemente, de modo que deja de ser la misma con el tiempo. El desamor es consecuencia de ese cambio detectado en el ser humano con los años. Carmen Saiz defiende la idea de que los mínimos detalles que masticamos en el camino conforman con mayor solidez nuestro esqueleto vital, antes que los gritos eufóricos de las grandes hazañas. Sostiene la idea de que no somos impermeables a la realidad que nos acaricia, a pesar de que queramos aparentar lo contrario. Revolotea por una infancia manchada más de libros que de muñecas. Apacigua el dolor de muelas del presente con el calmante del recuerdo y vive plácidamente en el verso como si el oxígeno que generan las palabras fuera suficiente alimento para seguir adelante.

La poesía de Carmen Saiz se caracteriza por una búsqueda constante de la verdad, de un mundo interior complejo, pero sin dobleces, donde las sombras son aves que eclipsan por momentos la ceguera ardiente del sol, donde el amor no siempre gana la partida, aunque nunca se sienta derrotado, donde la voz se queda muda ante el silencio del asombro, ante el asombro del silencio. Carmen Saiz se sumerge en el mundo poblado de las sombras que dibujan con colores el futuro, palpa con dulzura y con los dedos interrogantes del verso la escultura de la entrega, escucha el mutismo de unos pasos y aborda sin miedos la metaliteratura del folio en blanco, de esa sed implacable que corre por sus venas sin que se aprecie el abismo de la fuente.

Si en Rotunda evidencia el optimismo se desnuda sin pudores, en Asignaturas del aire las nubes de la duda acechan al lector, en Materia de la memoria la vuelta al pasado nos deja el vacío insondable de una mudanza, el desencanto por desvelar con demasiada rapidez el misterio de las preguntas sin respuesta, la corta distancia hacia la meta, las lágrimas de piedra de una guerra y unas ganas de vivir más allá de la esperanza.

Asignaturas del aire es un examen de conciencia, una palabra que sobrevuela con encanto de labio en labio, de boca en boca. Es una matrícula de ensueño que deja en los ojos el epitafio de la rosa: que la belleza ha de ser recordada, aunque nos duela.