MORENO CARRASCAL, JOSÉ MARÍA. LOS JARDINES DE HIELO

MORENO CARRASCAL, JOSÉ MARÍA. LOS JARDINES DE HIELO

MORENO CARRASCAL, JOSÉ MARÍA. LOS JARDINES DE HIELO

 

 

En un mundo donde los niños gritan histéricos por ser adolescentes, los adolescentes se lamentan por no ser ya adultos, los adultos se hacen viejos en un abrir y cerrar de párpados y los viejos ya no saben qué hacer con sí mismos o, mejor dicho, nosotros no sabemos en qué vitrina debemos colocarlos. En un mundo en el que solo gana el primero y el resto deambula sin sentido por el desfiladero de sus días. En un mundo donde prima la ley del más rápido, donde la cantidad oculta las miserias del ser humano y la calidad no tiene el suficiente respaldo para seguir adelante. En un mundo como el que vivimos siempre hay un mordisco a la esperanza, un modo silencioso de ser distinto. Así se posiciona José María Moreno Carrascal en Los jardines de hielo buscando siempre ese paisaje idílico que le proporcione la paz de espíritu, aunque conciente de que la felicidad, como el tiempo, están aquí de paso. Pero no por ello debemos bajar los brazos.

El poeta nos parece decir que vivimos en una sociedad que corre tan deprisa que se deja en el tintero el marco virgen de un presente abocado al abandono, como la melancolía que lamen las piedras de unos edificios en ruinas. En esos despojos, que caen esparcidos a su antojo por el suelo, uno tiene que reconocer sus pasos, seguir unas huellas que trazan el camino de una vida. Mirarse en el espejo a pesar de las arrugas, vivir la existencia antes que pensarla o incluso soñarla. Los sueños son sanos hasta que abrimos los ojos a la realidad.

Con un lenguaje sosegado, tranquilo, reposado, al margen de las estridencias, se abre camino un poeta que no requiere elevar la voz para ser sentido. Le sirve con un mar en calma en la tormenta de la vida. De este modo hay que afrontar las inclemencias del tiempo.

Los jardines de hielo rinde tributo al poeta japonés Basho, un hombre tremendamente reflexivo que fue adquiriendo la madurez recorriendo a pie las tierras japonesas. Un viaje físico que crea un caldo de cultivo propicio para la lírica. Un viaje físico que en el fondo supone un florecimiento espiritual acunado por la observación de la realidad y el cúmulo de experiencias vitales. Con el verso se pretende capturar el instante, prender la chispa de la emoción, perpetuar el momento. De ahí que José María Moreno Carrascal prefiera en muchas ocasiones el poema breve, lleno de silencios y cargado de verdades.

Nos describe un peregrinaje hacia el país de la memoria, hacia el otro lado del charco con una mirada salpicada de nostalgias y de agua viva. Se identifica con la esencia que mantienen intacta los indígenas, con las desgracias de un mendigo cuya soledad sólo descansa durante la noche y abre el poema como un abrazo que abarca a la familia.