BENÍTEZ REYES, FELIPE. SOMBRAS PARTICULARES

BENÍTEZ REYES, FELIPE. SOMBRAS PARTICULARES

 

SOMBRAS PARTICULARES (1988-1991) 1992

 

El tiempo y la esperanza conviven clandestinos detrás de las palabras, entre los pliegues de unos versos que nos traen a la memoria las sombras persistentes de una vida atrapada en el punto intermedio de un puente que, por un lado, nos conduce al olvido, y en el otro extremo aviva las cenizas del recuerdo. La literatura es una tela de engaño, atada a nuestros ojos, que descuenta nuestros días bajo la vigilancia de un reloj detenido cuyo sueño radica en recoger los restos de un naufragio, en contar las olas perdidas como una victoria, después de darle cuerda a las manecillas abandonadas. Un reloj que arranca en el pasado creyendo ser el héroe que encarna sus propias hazañas, cuando lo que en realidad late es la derrota, una densa niebla que nos cuenta lo que hemos sido.

Sombras particulares esbozan, entre dientes y sonidos, la fiel imagen de un vagabundo que recorre las calles de un mapa malherido, la brújula dormida que lanza los dados a su antojo, la luz necesaria para convivir en un mundo de tinieblas, el miedo atroz al demonio de las horas que tiende a tragarse a todo el que lo acecha, el modo de esconder el rostro para que no quede expuesto en las fotos, en ese espejo que nos escupe el atlas silencioso de las arrugas.

La metáfora le otorga mayor brillo a las acciones del pasado, de tal modo que la persona tiende a evocar con buenos ojos esas noches de alegría en donde la inocencia todavía, bajo el reproche del pudor, no nos mostraba sus vergüenzas. Cansado de la luz amarilla de los versos, el poeta reclama unos aires y unos focos renovados. La poesía es un escondite donde el hombre se atrinchera para sobrevivir al limón amargo de la existencia. En el tronco de un árbol que es la palabra deposito mis miedos con la esperanza de que nadie los vea.

Como un barco que ha zarpado hacia el abismo de la niebla y no se sabe con qué ruta, así se presenta el amor cuando se evoca desde la distancia. Un fantasma que nos hacía cosquillas en el corazón, un fantasma que en el presente nos muerde de nostalgia las entrañas.