MUNDINI GALÁN, STEWART. Y YA NO HAY NADA MÁS

MUNDINI GALÁN, STEWART. Y YA NO HAY NADA MÁS

Y YA NO HAY NADA MÁS, STEWART MUNDINI

Uno escribe para invocar el recuerdo en esas tardes de nostalgia que se acuestan en los versos. Uno escribe para alejar de las nubes el luto imberbe de la lluvia dormida en las pestañas. Uno escribe para maniatar el silencio con un lazo preñado de palabras. Uno escribe para poner de manifiesto el pulso distante con la derrota, el latido cercano del fracaso. Uno escribe para tender un puente entre los sueños y la realidad, entre la soledad y la injusticia. Uno escribe para trazar el mapa insondable de la duda, la perdida geografía de las preguntas. Uno escribe para llevarle la contraria a las estatuas. Uno escribe bajo la certeza de que es posible ponerse de pie tras la caída. Uno escribe para implorar la magia de otros tiempos. Uno escribe con el agua desbocada de esa fuente capaz de salvaguardar la higiene de las manos que escriben. Uno escribe, bajo el miedo de las sombras, esas letras de luz que nos promete el alba. Y ya no hay más. Del resto se encarga la vida.

Un poemario, descarnado de recursos innecesarios, y provisto de piel, de esa carne con la que nos arrojamos a la calle, con el terror de cubrirnos de cicatrices, con el terror de tropezarnos con esquinas en penumbra donde apenas llega el sol. Stewart Mundini esboza el mundo heroico del ser humano, como un modo de abandonar el ego desmesurado del poeta, como una manera de abrazar un nosotros que no ha de dormir solo a la intemperie. Que no ha de soñar en los bancos solitarios de una plaza.

La existencia es un puñado de recuerdos donde el tiempo se encarga de sacarle la lengua a las promesas y el poema, el abrigo usado para protegernos de todos los inviernos, una lucha cotidiana contra la lluvia. La vida es una cuesta empinada cuando nos atenaza el cansancio, pero siempre es preferible subir, con una sonrisa en los pies, a quedarnos quietos sin respuesta.